Presidente de Brasil sigue firme en su estrategia contra Covid-19

Confinado en el Palacio de la Alvorada desde que la semana pasada diera positivo en covid-19, el presidente brasileño Jair Bolsonaro se encuentra en buen estado de salud y firme en su estrategia de defender el uso de la hidroxicloroquina y echar balones fuera.

“El futuro dirá si este medicamento es eficaz o no. Para mí lo fue (…) la Historia dirá quién tenía razón en el futuro y quién tiene la responsabilidad de parte de las muertes”, dijo el miércoles en un vídeo difundido en sus redes sociales.

Desde que aseguró que estaba infectado, Bolsonaro ha usado su contagio para ejemplificar que la enfermedad no es tan grave como la pintan y que los gobernadores y alcaldes que impusieron las restricciones que están provocando graves daños a la economía en realidad tenían una alternativa.

En esa narrativa paralela, el contagio en su propia piel tiene un papel clave. “Puede que sea una coincidencia o puede que no… Sabemos que no hay ninguna comprobación científica, pero a mí me funcionó”, decía Bolsonaro una vez tras otra. “Muchos médicos dicen que funciona. No estoy haciendo campaña a favor del medicamento… A fin de cuentas es muy barato, quizá por eso hay muchas personas en contra, y otros parece que es por cuestión ideológica. Parece, ¿ok?”, insistió.

Bolsonaro reiteró que empezó a encontrarse bien al día siguiente de tomar el primer comprimido de hidroxicloroquina. En más de una semana apenas ha tenido síntomas, más allá de un poco de fiebre al principio, cansancio y dolores musculares. Ahora está a la espera de un tercer test que confirme si ya está curado y puede retomar su agenda habitual. Ninguno de los ministros con los que tuvo contacto en días previos ha dado positivo. Ni siquiera su esposa, Michelle Bolsonaro.

LOS MILITARES Y EL ‘GENOCIDIO’

Mientras tanto, las críticas a la gestión del Gobierno no cesan. El último en alzar la voz fue uno de los jueces del Tribunal Supremo, Gilmar Mendes. “El Ejército se está asociando a esté genocidio, no es razonable”, decía al criticar que los militares hayan ‘ocupado’ el ministerio de Salud, lo que puede acabar siendo fatal para la imagen de las Fuerzas Armadas, según dijo.

El ministerio de Salud está ocupado de forma interina desde mayo por un militar sin experiencia sanitaria, Eduardo Pazuello, que ha colocado en puestos clave a más de una docena de militares. Sin apenas ruedas de prensa ni entrevistas, bajo su gestión, el ministerio pasó a recomendar en notas técnicas el uso de hidroxicloroquina incluso para pacientes leves de covid-19.

Ninguno de los antecesores en el cargo, los médicos Luiz Henrique Mandetta y Nelson Teich, aceptaron considerar este medicamento como una opción para luchar contra la pandemia, tal como exigía constantemente Bolsonaro. Por ese y otros motivos acabaron saliendo del Gobierno.

Las duras palabras del juez del Supremo contra los militares provocaron la enésima crisis entre el poder ejecutivo y el judicial y añaden tensión en un Brasil que ya parece haberse acostumbrado a convivir con la tragedia. La mayoría de ciudades retoma la actividad (que nunca se paralizó del todo) cuando aún hay cientos de muertes y miles de contagios cada día.

En los estados más afectados al inicio de la pandemia, como São Paulo, Río de Janeiro y Amazonas, los números empiezan a bajar, pero en otros 11 estados, sobre todo del centro-oeste y del sur del país, la curva sigue en fuerte ritmo ascendente. La semana pasada, la media de muertes por día fue de 1.067. Fueron los siete días más letales desde el inicio de la pandemia. La combinación de un Brasil a dos velocidades hace que sobre los gráficos el país presente una estabilización, la famosa ‘meseta’, pero de momento no hay signos de bajada.

Brasil registró en las últimas 24 horas 45.403 nuevos casos de coronavirus, con lo que superó el listón de los 2 millones de contagiados, así como 1.322 nuevas muertes, con lo que las víctimas por la pandemia pasaron de 76.000, informó este jueves el Ministerio de Salud.

De acuerdo con el boletín epidemiológico divulgado por el ministerio, Brasil acumulaba hasta este jueves, cuando se cumplen exactos cuatro meses de la primera muerte, 2.012.151 casos confirmados de COVID-19 y 76.688 fallecidos por la pandemia.

Las cifras confirman al gigante latinoamericano, con su población de 210 millones de habitantes, como uno de los nuevos epicentros globales de la pandemia y como el segundo país en el mundo con más infectados y más muertes después de Estados Unidos.

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