Trampa de la deuda china

Una de las na­rrativas em­pleadas por ciertos países para demoni­zar a China es que está crean­do trampas de deuda. Se alega que los países latinoa­mericanos están entre las víc­timas de tales trampas.

Por ejemplo, el 12 de abril del año pasado, el Secretario de Estado de los Estados Uni­dos, Mike Pompeo, dijo en Chile que los Estados Unidos “siempre alentarán” a los so­cios latinoamericanos a evitar las “trampas de deuda” crea­das por China.

Durante una entrevista el 18 de enero de este año, Mau­ricio Claver-Carone, Director Senior de Asuntos del Hemis­ferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, dijo que si Amé­rica Latina “entra en la órbi­ta de China”, estará atascada en “dependencia, deuda y co­rrupción”.

Tales afirmaciones son completamente infundadas y tienen como objetivo impul­sar una cuña entre China y los países latinoamericanos.

Se puede decir que un país está creando una trampa de deuda en otro país si el país deudor no necesita realmen­te un préstamo del país acree­dor; la relación entre el deu­dor y el acreedor no se ajusta a las normas internacionales; la relación deudor-acreedora no es mutuamente beneficiosa; o el préstamo del acreedor ha causado una influencia nega­tiva sustancial en la solvencia del deudor o ha aumentado el riesgo de un incumplimiento de deuda.

Es bien sabido que los paí­ses latinoamericanos tienen débiles capacidades de acu­mulación de capital y depen­den en gran medida del capi­tal extranjero. Para aliviar la escasez de financiación, algu­nos países incluso utilizan el capital altamente especulati­vo del “dinero caliente”, lo que ha dado lugar a un aumento de los riesgos financieros. La crisis financiera que estalló en Méxi­co en 1994 fue la consecuencia de los rápidos flujos de dinero caliente.

Como muchos hallazgos de investigación sugieren, la infra­estructura subdesarrollada de la región es un obstáculo im­portante para el crecimiento económico de América Latina. Y la falta de inversión es la ra­zón principal detrás de la infra­estructura deficiente. Por lo tan­to, los préstamos y la inversión que China ofrece a América La­tina ayudan a abordar en cierta medida su escasez de financia­miento.

Como país responsable, Chi­na siempre se ha aferrado a las normas internacionales en el desarrollo de sus relaciones económicas y comerciales, in­cluida la cooperación finan­ciera con los países latinoa­mericanos. Los préstamos que China ha otorgado a la región, incluyendo cláusulas para el plazo de reembolso y las tasas de interés, han sido acorda­dos por las dos partes median­te conversaciones y negocia­ciones, y siguen las normas internacionales.

De hecho, China representa una participación insignifican­te en el total de deuda externa de los países de América Lati­na. Según las estadísticas publi­cadas por la Comisión Econó­mica para América Latina y el Caribe (CEPAL), las deudas ex­ternas de América Latina supe­raron los 2 trillones de dólares en 2018, de los cuales, las deu­das con China fueron inferiores al 7 por ciento.

Las crisis de deuda han esta­llado muchas veces en Améri­ca Latina, pero ninguna ha sido causada por China. En cambio, los Estados Unidos han estado vinculados directa o indirecta­mente con prácticamente todas las crisis de deuda en la región.

En la década de 1970, por ejemplo, los bancos estado­unidenses ofrecieron gran­des cantidades de préstamos a los países de América Lati­na, los cuales estaban imple­mentando una estrategia de crecimiento de la deuda. Co­mo resultado, la proporción entre deuda/PIB de la región aumentó de alrededor del 18 por ciento en 1970 a alrede­dor del 45 por ciento en 1982, y la proporción entre la deuda y las exportaciones aumentó del 180 al 330 por ciento.

En el primer semestre de 1981, la Reserva Federal elevó drásticamente las tasas de inte­rés y la carga del servicio de la deuda sobre los países latinoa­mericanos se volvió insoporta­blemente pesada. Además, la caída de los precios de los pro­ductos primarios redujo los in­gresos de estos países. En con­secuencia, México y otros países latinoamericanos se hundieron en una crisis de deuda.

Son los Estados Unidos, en lugar de China, quienes han llevado a América Latina a la trampa de la deuda.

No faltan personas pers­picaces en la región. Eduar­do Klinger Pevida, académico de la República Dominicana, señaló en un artículo el 27 de enero de 2020, que Mauricio Claver-Carone, quien actúa como el principal asesor de América Latina del presidente de Estados Unidos, “debe es­tar en sus cuarenta años y qui­zás por eso no sepa o recuer­de que cuando la terrible crisis de la deuda del decenio de los ochenta no se debía dinero a China sino a la banca transna­cional y a las naciones centra­les con EEUU a la cabeza”.

En el artículo, Klinger dijo que América Latina enfrentó un déficit de $100 a $150 mil millones en financiamiento pa­ra infraestructura, y China pue­de ofrecer una mano amiga, ya que el principal destino de las inversiones chinas en general no es el de compensar déficits ni fondos para pagar viejas deu­das, sino que son invertidas di­rectamente en los sectores pro­ductivos de la region.

China ha otorgado présta­mos a Venezuela que han ga­nado atracción mundial. Pero China no ha creado una “tram­pa de la deuda” en el país. Los acuerdos de financiamiento en­tre China y Venezuela son par­te de los lazos económicos en­tre los dos países, y se ajustan a las normas internacionales. Los acuerdos de petróleo por prés­tamos han beneficiado el desa­rrollo socioeconómico del país latinoamericano y sirven a los intereses de ambas partes.

En los últimos años, la pro­ducción de petróleo en Vene­zuela ha disminuido drástica­mente debido a las sanciones económicas impuestas por Es­tados Unidos y la agitación po­lítica interna, lo que ha causado algunos efectos negativos en los acuerdos de petróleo por prés­tamo. Pero eso no significa que China haya creado una “tram­pa de la deuda” en el país. Co­mo dijo un portavoz del Minis­terio de Relaciones Exteriores de China, “el acuerdo de finan­ciamiento bilateral fue alcan­zado entre las instituciones fi­nancieras y las empresas de los dos países, y los fondos han ido principalmente a proyectos en Venezuela para promover el de­sarrollo social y económico del país, así como proyectos desa­rrollados conjuntamente por los dos países, lo que aporta be­neficios tangibles a ambas par­tes”.

Estados Unidos debería abandonar su mentalidad de la Guerra Fría y dejar de acu­sar a China de crear trampas de deuda, si realmente quiere ver una América Latina prós­pera.

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