La muerte del General Pérez y Pérez

Por EDGARD PANIAGUA

Los reclamos de Justicia del hombre por el hombre tienen dos tipos de alcance en el espacio y el tiempo, uno Terrenal y otro Espiritual.
No siempre en lo Terrenal se logra saciar esa hambre y esa sed de justicia, muchos hombres malos han logrado evadir la Justicia, evadir tener que dar cuentas por sus hechos y mueren “en paz”, como se dice.

Otros malos logran tener una justicia “benigna” no a la altura y medida de los hechos cometidos, y así, “se salen con la suya” se ríen del sistema y de la sociedad a la que han perjudicado.

La Justicia terrenal es parte esencial de los atributos y carácter de Dios; por tanto es espiritual; es El quien La delega al hombre para ser impartida y administrada de forma imparcial y Justa. Esta delegación fue hecha en el Genesis, por tanto, desde los mismos orígenes de nuestra existencia.

Pero Dios, no solo ha delegado Sus juicios en el hombre si no que también le ha dejado por escrito los elementos, instrucciones y valores morales necesarios para que el ejercicio de impartir justicia sea lo más Justo y mejor posible.

De lo anterior podemos deducir que esa delegación de justicia implica una obligación y un compromiso por parte del hombre de tener que darle cuenta a Dios en algún momento. Y así Dios lo contempla en Su Revelación.

El hombre tiene pues un compromiso con la justicia Terrenal y otro con la Celestial. Tanto el que juzga (los que imparten y administran justicia) como el que es juzgado. De manera que usted puede evadir, disminuir, evitar o burlar la justicia terrenal, pero jamas la Celestial.

Ahora bien, quien es culpable ante la justicia Terrenal?. Quien es culpable ante la justicia Celestial?

En lo terrenal somos culpables cuando violamos las leyes del País en el que vivimos en cualesquiera de sus grados o manifestaciones. Esa culpabilidad implicaría un juicio. En el ámbito terrenal la culpabilidad no trasciende el aspecto moral de los deseos, de la conciencia y de la mente, aquellos pecados ocultos en lo interior del ser que nunca han llegado a materializarse, por ej. desear matar, odiar, adulterar, fornicar.

En lo Celestial, por la naturaleza del Ser Dios y Su Santidad perfecta y prístina, se nos demanda para ser declarado Justo ante El y Su corte Celestial el mismo grado de Su Santidad. De lo contrario todo ser humano sería declarado culpable. Y esto en todo ámbito del ser, desde la conciencia, Espíritu, deseos y mente hasta aquellos hechos llegados a materializarse. Y es que nunca podremos ser justificados en base a, o por nuestra propia justicia.

Podemos reclamar Justicia terrenal para los que han violado las leyes, pero siempre será imperfecto, tanto nuestros reclamos como la misma justicia.

La Justicia Divina; ante la cual todos somos reos de culpabilidad por no ser seres perfectos, prístinos y puros como El; ante la cual nos tendremos que presentar algún día demanda del que haya violado las leyes (tanto por haber matado físicamente a otro o solo por haberle deseado matarlo u odiado) un juicio.

Así las cosas, para que nuestras demandas de justicia y Juicio sean perfectos, más aún, podamos ver algún día, en algún momento y espacio una sentencia justa sobre esas personas y sus hechos es necesarios que nos encontremos en condiciones de ser “Un “Ser” Justo ante Dios y Su justicia Celestial.

Es que si la condición anterior no se da, y aún sin haber matado o robado, ser adúltero o cualquier otro pecado, nunca llegaríamos a lograr la medida de lo perfecto y absoluto moral y espiritual que exige Dios para salir declarados Justos ante Su tribunal.

En tales situaciones nuestra demanda de justicia, nuestra sed y hambre de justicia se verían estropeadas, estorbadas y hasta inútiles, sin sentido de la perfección, Justo y hasta verdadero castigo, porque? .
Porque nuestro destino eterno sería el mismo (aunque en diferente espacio y grado de castigo) que aquel asesino al que condenamos, pues estaríamos separados de Dios por la eternidad al igual que el.
Que hacer? Buscar en Jesús nuestra justicia, buscar en Su sacrificio nuestra declaración de absueltos en El, puesto que pagó nuestras culpas. Solo desde ese plano, nuestras demandas de justicia por los hechos cometidos por los asesinos encontrarían sentido.

Hasta cuándo podemos obtener la justificación que es en Cristo Jesús?

Hasta el último momento de nuestro hálito de vida, como el ladrón en la cruz. Pues mientras la casta religiosa y “pura” que se decía representar a Dios en la tierra mataba al Hijo de Dios, mientras el Imperio Romano creía que impartía justicia en sus propios términos, ante Dios los culpables eran ellos, y sin embargo, en lo que eso sucedía el ladrón en la cruz era perdonado y justificado.

Así pues, ante la muerte del General y los deseos de los afectados por sus hechos, incluyendo la falta de justicia, todo lo anterior debe ser tomado en cuenta antes de que vayan transitando por el mismo camino de el (Gral.) ya sea por ignorancia o por la necedad de negar a Dios.

Y si en la providencia Divina ese general, como el ladrón en la cruz, pidió perdón, se arrepintió y Dios le haya otorgado Su perdón….

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.