Precariedad habitacional

Por CARLOS OGANDO

La precariedad habitacional y las construcciones en condiciones de hacinamiento, falta de agua, saneamiento, materiales de construcción inservibles y la falta de energía eléctrica se traduce en desigualdad de oportunidades de desarrollo de más de 80 millones de niñas, niños y adolescentes en América Latina y Del Caribe según estudios de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La vulnerabilidad de las construcciones de viviendas en los grandes centros urbanos en la república dominicana carecen de espacio en habitaciones, donde un 34.20% a un 44.4% la situación va de medio grave a grave y estimándose que viven desde tres a cinco personas en un cuarto, lo que afecta la privacidad de las niñas, niños y adolescentes, así como también no le deja espacio para la recreación y diversión.

Para abordar este problema debe verse desde el punto de vista de la regulación que establece la Ley de planeamiento urbano y que la contempla también la ley de régimen municipal sobre protección del medio ambiente, proteger las áreas verdes, parques, ríos y cañada e impedir que se construyan viviendas vulnerables y de difícil acceso. La construcción vertical también debe llegar a los países pobres como norma de racionalizar los espacios públicos y garantizar mayor calidad de vida a las personas.

Este tema hay que abordarlo con soluciones duraderas y se haría necesario desalojar a las familias ubicándose en áreas con condiciones adecuadas mínimas como son los habitacionales que construye el gobierno, donde son dotados de servicios de acceso a recogida de basura, instalación de cables de energía eléctrica, telefonía y cable Tv, drenaje pluvial y cloacales, dejando los espacios preestablecidos según la ley.

En su boletín número 23 la CEPAL aborda el tema de la ciudad y los derechos de niñas, niños y adolescentes y destaca que la república dominicana ocupa el lugar número 11 de 21 países de América Latina y el Caribe en precariedad habitacional, en personas de 0 a 17 años y la privación de agua es de 20% en poblaciones urbanas. A toda esta situación le agregamos la falta de saneamiento (inodoro sin conexión a red cloacal) y la falta de energía eléctrica, estamos hablando de pobreza y de pobreza extrema.

Se indica, además que, la República Dominicana se encuentra junto con México, Honduras y el Salvador dentro de los países con mayor incidencia de embarazo en adolescentes por encima de Haití y de Cuba y, esto se podría suponer que tienen gran impacto la cantidad de personas que viven en un cuarto, la falta de espacio público y de recreación y la vulnerabilidad y maltratos que reciben en sus hogares las niñas, niños y adolescentes.

La precariedad habitacional en la República Dominicana contracta con la de América Latina y el Caribe en donde los 5 componentes analizados (hogares hacinados, falta de agua, saneamiento, Energía y uso de materiales inservibles), la República Dominicana tiene un déficit que va desde el 47.8% leve hasta un 52.2% grave, que comparado con el promedio de América Latina y el Caribe que va desde 48.8% leve hasta 51.2% grave por encima del promedio.

Si se hicieran los estudios de cómo viven esas familias con precariedad habitacional en época de Covid-19 se induce que no están en condiciones de cumplir un toque de queda ni con mascarillas porque no tienen los recursos económicos, ni con distanciamiento físico y mucho menos con observar las medidas mínimas de higiene recomendadas por la Organización Mundial de la Salud.

Por más esfuerzos que haga este gobierno por contener la pandemia del Covid-19 frente a la disminución de las recaudaciones fiscales y el incremento de las demandas de la población vulnerable de empleos, salud, educación y viviendas no será posible mitigar esta deuda social acumulada a corto plazo y tendrá que hacerse un gran esfuerzo la mediano y largo plazo para avanzar en tal largo camino de vulnerabilidades, agravadas con la pandemia Covid-19 con los más necesitados, pero hay que sembrar la esperanza y seguir luchando en el camino estrecho que nos ha tocado recorrer.

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